Macrocosmos
1. Azufre y Sal.
Mi desintegración comenzó cuando ella regresó.
La última vez que estuvimos juntos ambos teníamos 7 años. Estábamos solos en mi casa, mirábamos caricaturas hasta que se aburrió y comenzamos a husmear en lugares de mi casa donde no teníamos permitido estar; así fue como encontramos las revistas porno de mi papá. Él descubrimiento de lo obsceno siempre es algo mágico para un niño, pero su presencia convirtió esa magia en una seca perversión. Miramos con impresión un circo de senos, vaginas y penes enormes desplegándose ante nuestra mente. Al final yo tenía una erección desagradable y un profundo asco, pero ella sentía deseo... Lo sé por qué recuerdo su mirada, fue como si se conectase con algo. Me dijo que algún día tendría un cuerpo como el de esas mujeres. Desde entonces no la volví a ver, todo se volvió un juego de depredador y presa.
Regreso, no con esos pechos enormes que un día prometió, sino con unas diminutas dunas que delataban su tardía pubertad. Pero después de todo seguía viva. Cruzo las puertas y dejé de ser yo, es como una cuenta regresiva, como una fría interrogante y al mismo tiempo como una cálida y contundente respuesta. Me enamoré; creí que era como la sal, pero ahora me recuerda más al azufre.
Ahora estoy aquí después de todo, escribiendo para entender, sintiendo el sol plasmándose en mi carne y fumando muchos cigarrillos porqué aún que me dé asco, todavía me sigo odiando.
- Omega

Comentarios
Publicar un comentario