Hombre Girasol

 >> ¿Quién es aquel que el viento arrastra, que es lo que esconde ese revoltijo de lluvia y frío?.

- Merito después que cayó el primer trueno del aguacero se escucharon los galopes del caballo. Vera usted, yo le estaba limpiando los pies al cristo principal de la parroquia cuando llegó; a mí me pareció que era algún campesino despistado huyendo a toda velocidad de la mojiza en su caballo. Eso me pareció a mi, hasta que el padre Ramirez que todavía estaba en la parroquia me tomo del brazo con tantas fuerzas que solté un pequeño grito de dolor, aferro sus dedos a mi poca carne y me dijo: << ¡escondeme Erasmo! >>; Clarito le mire la desesperación en los ojos. Entonces los galopes que sonaban afuera me empezaron a parecer oscuros, como endemoniados-.

>> Ya te esperaba cabrón... ando con la pistola desde el día que llegó tu carta; la traigo ya cargada, nomás con una bala por qué nomás una oportunidad necesito para clavártela entre los sesos desgraciado. Tan pendejo eres que me vienes a matar montado en un caballo, como para que se escuchen las pezuñotas  del animal por todo el pueblo. Pero me subestimaste, creíste que me encontrarías tan briago que ni escucharía al animal, ni tampoco tu voz diciendo mi nombre a manera de sentencia cuando entres a la cantina. Eso sí no te quédate mudo ya. Me subestimaste... Ese es el error que te mandara a la tumba.

>> Ya llevaba yo unos días escuchando que la gente hablaba de ese hombre, por eso no me cayó de sorpresa su llegada. Aquel día apenas clareo el alba en los cielos empezó un vendaval que soplaba un aire color gris que inundaba al pueblo con su olor marchito; era un viento que dejaba en la boca de uno un pequeño sabor salado que recuerda al sabor de las lágrimas. Estuvo todo el día azote y azote nuestras calles, desgreñando árboles y volando algunos techos; no fue hasta que empezó la lluvia y sonaron los galopes que se paró. Parecía que el viento aquel hubiese traído al hombre aquel, como si el viento mismo los hubiese escupido aquí.

Apenas planto un pie en el suelo la gente se extremeció en sus casas, pero a mí no me sorprendió, la gente se la paso hable y hable de él. Dicen que algo tiene que ver con los Ramirez, la gente dice que alguna vez fue de por aquí, la gente también dice que estaba muerto; eso tal vez sea cierto por qué yo no lo recuerdo. De todas formas no importa, le gente de por aquí dice muchas cosas, nada más a eso se dedican, nada más para eso son buenos... Nada más.<<

Él hombre se enjuga la mezcla de sudor y lluvia que le corre por la frente y que se le escurre hasta los ojos irritados que le dan la apariencia de aver llorado profunda y dolorosamente. Cualquiera que lo viera pensaría eso y más aún si le reconocieran el rostro, las personas de aquí siempre lo tomaron por un cobarde, un poco hombre. Pero todo eso le importaba ya muy poco, seguro que unas lágrimas se le sumarían a la mezcla de sudor y lluvia; él vino a matar a sus primos y a llevarse a la Clara, lo de más se podía ir mucho al infierno. Bajó de un salto del caballo negro, sacó la pistola de la alforja dónde la tenía guardada, le saco el tambor para mirarle las tres balas de plata y pensó en redención - como un escalofrío -. Vacila un poco y se esconde la pistola entre el pantalón y la camisa, siente su frío metálico rozándole la cadera y entumeciendo su vejiga. Para cuando estaba cruzando las puertas de la parroquia el metal estaba tibio, tanto que le pareció que el arma era un órgano más de su cuerpo.

>> Él gruñido de un balazo explota, sale de mi ombligo y se expande por vientre; es escuchado hasta mis piernas. Después de la conmoción viene el silencio, un silencio petrificante incluso más horroroso de escuchar que el disparo. Ahora se escuchan los gritos desesperados de un sacristán, las mujeres lloriquean en sus casas, una anciana cae desmayada, los hombres tratan torpemente consolar a sus esposas, un niño despierta de su seño febril y un rayo explota en mí.<<

>> Seguro irás primero por el escuálido de mi hermano, seguro lo encontrarás escondido temblando de miedo, encogido a punto del llanto. Sentirás asco al mirar lo patético que es y por eso te entrará la sensación de superioridad. Seguro contendrás  tus carcajadas y le dirás con voz benevolente que te case con mi hermana y que a cambio le perdonarás la vida; entonces mi hermano te contará lo que hiciste. No niego que me dolerá perder a otro hermano, pero eso me dará más fuerzas para matarte. Sé a qué lugar te vas a ir a esconder; te conozco bien desde esa noche, te conozí cuando te estabas retorciendo de dolor después de que casi te amputara el brazo. Me exita pensar que volveré a ver esa cobardía a través de tus ojos.<<

- Claro que le ví la cara, apenas piso la parroquia lo reconocí de sopetón. Fue muy raro volverlo a ver, hasta miedo me dió; tanto y tanto que anduvieron diciendo que habían matado al pobre que creí que era un fantasma y por sus pintas me lo creí más: estaba todo ñengo, tenía los ojos sumidos  y tenía un brazo tullido. Bien dicen que hay que temerle más a los vivos que a los muertos. No me dirigió ni una palabra, solo se quedó en medio del lugar mirando a todas partes entre buscando y entre recordando hasta que de repente detuvo la mirada y camino pesadamente hacía el confesionario, quise detenerlo porque sabía que el padre estaba escondido ahí, pero apenas me moví que saca la pistola y pues ya sabe, cuando tienen encañonado a uno el cuerpo se vuelve de piedra. Sabrá Dios que fue lo que le dijo el padre Ramirez ahí dentro como para que lo matará de un balazo y como para que el hombre saliese corriendo y como para abandonar al caballo en el atrio. En cuanto me regresaron las fuerzas salí corriendo gritando por ayuda.-

>> La lluvia parece amainar y el alcohol me está abandonando, de él solo me queda su olor en la camisa y el recuerdo seco de su sabor en mi lengua. Mis pensamientos se vuelven más claros y aparece otra vez el arrepentimiento. Desearía estar tranquilo, me gustaría no tener recuerdos, me gustaría no estar aquí escondido entre los girasoles, empapándome; ojalá pudiera ser tan fuerte para perdonarte... Pero no lo soy. Tu traición convirtió todo ese cariño que te tuve en esta semilla de odio que creció en mí. Desde esa noche nuestra familia quedó maldita, todo se pudrió, todo acabo gracias a ti. Llegó el momento de que coseches lo que sembraste.

>> En mis campos de girasol llora un hombre. Cae un rayo. Dos hombres hombres lloran en mis campos de girasol. Un balazo, suena como el caer de un rayo. Solo un niño llora. Ahora no hay rayos... Tampoco lluvia.


Juan despierta de un sueño absurdo, demasiado espeso y pegajoso, donde sus ramas eran de carne, donde sus pétalos eran de piel y sus raíces le servían para correr; dónde escupía un lenguaje obsceno parecido al de las criaturas que habitan las piernas de la tierra.

Por fin, le da gusto sentir el rocío de la mañana pasear por sus hojas y poder girar el botón para poder ver el par de ojitos negros que siempre miraban desde el sol.



                                                                Omega.


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